Plastiquillos de tranchete: marzo 2007

jueves, 22 de marzo de 2007

"¿El Abuelo? El abuelo es muy sucio, sucio. Sisi, muy sucio. Es un sucieras..."


Ayer noche vinieron a casa algunos amiguitos. No son tortugas ni tienen nombres de artistas del Renacimiento, pero aun así son colegas y compañeros del alma de este grupo de anfibios mutantes adolescentes. Y una rata. P, A, T, C y un servidor (M), disfrutamos de la compañía de Marquicos, Pelos y Edu. Revivimos viejos momentos y nos emplazamos a otros todavía mejores. Aquí va un pequeño fragmento de lo que aconteció en nuestra apacible velada.

- ¿Valores de antaño, yo? No, no. Yo tengo valores del futuro.
- Sí, bueno, pero porque todo valor del futuro, en algún momento, se va a convertir en un valor de antaño. Con el tiempo.
- Ya, puede ser.
- Sí joder Marquicos, tu tienes valores de antaño total... Eres honesto, puro, amigo de tus amigos, guarrete...
- ¡Hombre claro! Pero tenemos que inculcar valores del futuro... Ahí... Venga... Dándole!
- Por supuesto, pero es que en realidad, todo valor tiene su vertiente pasada y futura, por eso son invariables, universales y omnipresentes. Son valores, que sean de antaño o del futuro es sólo circunstancial. Además, un valor de antaño está pensado para que funcione en el futuro. Ahí radica su grandeza.
- ¿Queda cerveza?
- No.
- ¿Sabéis quien está muy buena?
- ¿Quieeeen? (todos)
- Susan Sarandon.
- Pues sí...
- Jodo, ¿y sabéis quien es muy de antaño? El Abuelo.
- Que grande... (todos)
- Y ahora el tío viviendo en O.C., con un descapotable rojo y tres novias.
- Ya te digo, además con lo cerdo que es. Es muy sucio.
- Ya Ya.
- Oh sí.
- ¿El Abuelo? El Abuelo es muy sucio, sucio. Sisi, muy sucio. Es un sucieras...
- Ja ja ja ja ja!!! (todos)
- Mañana vamos a por el speed para el partido de España ¿no?
- Si si.
- ¿En serio? ¿Vamos a comprar spichu? ¡Qué bien!
- Ver un partido de ketamina tiene que ser una locura tío.
- Ya.
- Yo seguro que no vería nada, estaría potando y cagando en el baño...
- Bueno, yo me voy a ver un capítulo de Heroes, dos de Prison Preak, el piloto de Lost y medio de Bones.
- Oye, ¡lo del speed era broma eh chicos!
- No jodas. Bueno, en realidad mejor... Pero un poquico de farlopa...
- Je je je (todos)
- Farlopa es Valores de Antaño, ¡eh!
- ¡Y del futuro!
- Claro, como los años ochenta, que son de antaño y del futuro.


Todos nos miramos y asentimos. Esa perspicaz tortuguilla tiene razón.

lunes, 12 de marzo de 2007

Oye M. ¿Tu te echas desodorante?

Si lo mejor que le puede pasar a un cruassant es que lo unten en mantequilla, lo mejor que le puede pasar a un mesonero es poder quedarse retozando en la cama mientras sus hermanos y su maestro se acicalan rumbo a sus respectivos trabajos. Sobre las 10.00 a.m, cuando la alarma ya va por su segundo aviso, el diablo aparece, con la cara y el cuerpo de Kira Miró, con un pacto bajo el brazo: “Te permito dirigir con total libertad el devenir de tus sueños mañaneros a cambio de llegar tarde al trabajo, de que te duela la cabeza durante todo el día y de que te pases tu jornada laboral a limpio bostezo hasta eso de las 12.30 p.m., hora en la que te despejaras y perderás toda capacidad de conciliar el sueño. Sólo llegadas las 3.00 a.m., podrás descansar, eso sí , no conseguirás dormirte. Sólo tras pasar el quinto ataque de ansiedad, de repasar la lista de los reyes Godos y la de los últimos balones de oro y sus respectivos FIFA World player perderás el conocimiento victima de un desmayo” Yo, por su puesto, le digo a Lucifer que sí, que donde hay que firmar, que encantado y que me diga el nombre de la tienda en la que se ha comprado esa chupa tan guapa, ahora el tío se ha metido en el cuerpo de Justin Timberlake, ese que era novio de esta. Él me pregunta por mi afeitadora, por mi gato y por una novia que tuve en el Instituto. Le digo que es un degenerado, que sólo teníamos 14 años. Él se pone a la defensiva, se metamorfosea en Carmen Maura y dice que se tiene que ir, que tiene una agenda lo suficientemente copada como para no poder permitirse andar perdiendo el tiempo con un pelele de mi calaña. Cuando Carmen se pone digna y diva no hay quien la pare.

Una vez pasado el trámite del papeleo, me doy media vuelta en la cama. Cierro los ojos. Los abro. Termino de atarme las botas. A mi lado distingo las respiración entrecortada de Samu. Está como una moto. Entra Frank. Nos mira y sonríe. “Salir y divertiros”. Lo primero que me sorprende al saltar al campo es que los focos alumbran más que en España. Hace frío. El banquillo es algo más estrecho que el del Camp Nou. Nada más sentarme los 60.000 berracos que se hacinan en The Kop comienzan a entonar el You’ll never walk alone. Los 22 ya forma en el campo con el trío arbitral. Como diría Robinson “Aquí va a pasar algo”.

Suena el pitido. Miro al reloj: 10:30. Cierro los ojos. Los abro. Oigo pasos en pasillo. Es A. Lo se porque hace media hora que tenía que estar en la oficina, también porque se confunde y en lugar de girar a la derecha, gira a la izquierda y se pone a orinar sobre mis libros en lugar de hacerlo en el baño. Le digo que qué coño hace. En ese momento toma conciencia de la situación, pone cara de Sid Vicious. Supongo que piensa algo así como “Esto sí que es Punk”. Termina. Esparce las últimas gotillas sobre mi Ipod, mis calcetines, mi osito de peluche, mi disfraz de Spiderman, mi pila de lencería femenina (A ver si os creías que P. iba a ser el único). Cuando se dispone a hacer un último esfuerzo sobre mi cama le digo que ojito. Me hace un corte de mangas y se va con los pantalones por los tobillos.

Justo cuando estoy saliendo por el túnel de vestuarios y Frank me indica que comience a calentar escucho que M. Enfila el pasillo. Al igual que A. Se mete en mi habitación con intención de dejarme otro regalito. Estoy rápido. Inmovilizo su anaconda, le hago un nudo. Saco un balón de debajo de la cama. Con un sutil toque pongo un centro tan certero como preciso rumbo al baño. M. comienza a correr como un gamo, acomoda perfectamente el cuerpo. Aprovecho y cierro la puerta con pestillo. Disfruto de la culminación de la jugada volviendo a echarme mi edredón por encima. “Gooooooooooollllllllllll!!!!! Joder que zurda tengo!!!!!!!!” Otra cosa no pero zurza sí que tiene el muy cabrón.

Xavi ya tiene la bola. Empezamos fuerte la segunda parte. Hacemos correr a los ingleses. Andrés gambetea con el balón. Hace una croquetilla, otra y otra. Lanza un pase interior para Samu ... se cruza. El balón queda muerto. ¡Joder! Aparece Zambrota como un loco, este tío va sin pulmones. Llega a línea de fondo, la pone al segundo Roni no llega, ¡Leo si! La engancha con la derecha, el tiro roza el palo. Pepe se lanza bien. Habría llegado. Los ingleses no lo ven nada claro. Un poco de toma y daca. Steve corretea detrás del balón ¡Les estamos bailando! En ese momento A. Lanza un órdago mientras se ducha. “

-Oye M. ¿Tú te echas desodorante?
-No.
-Cómo que No.
-No necesito.
-No eh! Pues anda que no van finos los poliches que te pones
-¡Que a mi no me huele el ala! Que interiorizo mis oloreeees
-A que te escupo
-A que te escupo yo a ti
-A mi me da igual estoy en la ducha
-Ah, pues es verdad.

Me llama Eusebio. Me dice que voy a jugar por la izquierda, a pierna cambiada, como los grandes. Asiento con un sutil movimiento de cuello. Me dice que Leo pasa a la derecha, que Samu se va al centro y que a ver donde he aprendido a hacer ese gesto de asentimiento. Le respondo que en Pamplona, en el Singular, que me lo enseño un Dj. de nombre y flequillo imposibles cuando un amigo le pregunto si tenían los Buzzcocks. No entiende nada. “Yo si que no entendí nada esa noche”, me digo para mis adentros. Termina la charla recordándome que cuando la tenga Ronie, me abra a la banda y me meta en diagonal al centro para que Samu pase a la banda. Yo mientras me fijo en una chica sentada detrás de nuestro banquillo. ¡Coño! ¡¡¡Es Kory Kennedy!!! Paso de Eusebio vuelvo al banquillo. Me acerco a ella y le digo que me prometa que si meto gol me cuelga una foto en su fotolog. Me dice que se lo han cerrado pero que tiene un colega que ha abierto otro. Le digo que me vale con el del colega y que le pregunte por el Abuelo a Paris. Ella me dice que acaba de hablar con él por el móvil y que han quedado para desayunar en Tifaniys (New York) mañana. Joder con el Abuelo. Eusebio me mira con cara de gacela. Riise manda un zurdazo al palo. El cuarto árbitro levanta el cartelón con el número 23. Se va Oleguer. Me abrazo con él y aprovecho para preguntarle qué coño es eso de Ítaca. Me dice que es un poco largo de contar en un abrazo. Le digo que no me importa que esto es un sueño y que aquí mando yo, que no se preocupe por el tiempo.

- Ahora no me apetece, en serio.
- Entonces de lo de De Juana ni hablamos, ¿no?

Se mete en el vestuario refunfuñando algo en un dialecto preindoeuropeo que desconozco. M. y A. abren la puerta de la calle y corretean por las escaleras. “¡¡¡Lorolo lorolo Zaragoza!!! ¡¡¡Zaragoza Zaragoza perinuel!!!” Estos maños son unos cazurros. Andrés lleva la pelota cosida al pie. Deco la pide, la pisa, la vuelve a pisar, la pisa otra vez. Le pido al cuatro arbitro otro balón. El colegiado me da permiso con un guiño cómplice. Le devuelvo el balón a Iniesta. Este se lo pasa a Ronie. Deco sigue pisándola en la otra esquina del campo. ¡Coño! Ronie tiene la bola. Intento recordar lo que me dijo Eusebio. Sólo consigo visualizar la cara del Abuelo desayunando con Paris Hilton. Me meto al centro. Ronie lanza un pase en profundidad. Samu se cruza conmigo. Nos tropezamos. El balón rebota en mi cabeza y se va por la banda. Samu me echa una reprimenda, me explica lo importante que es para el pueblo africano en particular y para el devenir de la humanidad en general, que él marque gol, que en Barcelona hay dos bandos y que él siempre se entrena, no como otros. Le digo que no se lo tome tan en serio, que sólo es un sueño. Me abraza. Saludamos al cámara del diario Sport con el pulgar levantado. Le hacemos un corte de manga al de Marca. En estas, Messi recoge el balón en la banda y consigue que no salga. Pone un centro. Tomo carrera y salto.
Paso por encima de Carragher.
Paso por encima de Reina.
Paso por encima de The Kop.
Llego a The Cavern. Pregunto el precio de los calcetines que llevaba Paul en el primer concierto te los escarabajos. La camarera me dice que soy un guarro y un gocheras. Vuelvo a Anfield en un autobús de esos con doble piso que se que hay en Londres y que no tengo muy claro si circulan por Liverpool. Entro en el estadio. Saludo a Fabio Aurelio. Ataco el centro de Leo tirándome en plancha. Marco los tiempos con excelente plasticidad. Pa variar giro la cabeza antes de tiempo. El balón rebota en mi hombro, despista a Reina y se cuela mansamente en la portería. Es gol. Me voy como loco al banquillo. Me deslizo de rodillas unos 18 metros. Hago el arquero. Veo el flash de la cámara de Kory. Suena el pitido final. “¡¡¡Hay mi madre, la que he liado!!!”. Cierro los ojos. Los abro. Miro al reloj. Las 12.00. Llego dos horas tarde al curro. Entro a toda velocidad en el baño. Cuando estoy metiendo el primer pie en la ducha escucho un rugido. Una respiración entrecortada se acerca. Todo tiembla. La puerta se abre. Tengo miedo. Una voz de ultratumba sentencia. Es P.

-Me dejas ducharme
-Sí hombre, sí (A ver quien tiene cojones a decirle que no)

viernes, 9 de marzo de 2007

¡Tú! ¿Habéis encontrado ya otra garita? Es que mañana viene mi hermana y no es plan de que estéis aquí en plan pirañas.... ¿sabeees?


Escena 1. Interior Día.

Un piso céntrico en Madrid capital. Nuevos ministerios, muy cerca de La Castellana. Septiembre de 2006. Cinco habitaciones, cuatro baños, un enorme salón de diseño y todas las comodidades de una típica familia burguesa. Son las 9.30 de la mañana. Tumbado en un sofá de seis plazas, RICAR, joven apuesto de 23 años, ve a María Teresa Campos mientras fuma cigarros. Ruido de llaves en la puerta principal. La puerta se abre y Ricar corre hacia ella.

RICAR - ¡Tú!, ¿pero dónde estabais?

A. y M. entran como pueden por la puerta. A. lleva la camiseta rota y con extrañas manchas que bien podrían ser sangre. M. entra a gatas y ligeramente bizco. Se abraza a una estatua del hall y le pide un pitillo.

R. - Ostia macho.
M. - Ricar, cómo ha crecido tu hermana ¿no? (Señalando a la estatua)
R. - Túuuuu, ¡no toques eso, subnormal! ¡Que vale más que tu vida! ¿Dónde estabais? (mientras se acaricia su hermoso pelo rubio)
A. - ¿Tienes batido Puleva Ricard? ¿Y un boli?
M. - Nada, hemos estado “porai”.
R. - ¡Hostia que gachos! Por cierto, ¿dónde están los batidos Puleva que había en la nevera? ¿Y por qué sólo queda media botella de Granini si había tres enteras?
A. - (balbucea algo incomprensible para el oído humano)
M.- (balbucea algo incomprensible para el oído humano)
R. - ¿¿¿En serio??? ¡Hostia que pirañas! (mientras ríe)
M. - Ey Ricar, déjanos en paz. Nos vamos a dormir, que mañana tenemos que currar.
¿Tienes pitillos?
R. – Toma pringao... ¿No vais a comprar nunca o qué? (saca un paquete de Fortuna blando. Golpea con la uña del dedo índice en la base y dos cigarros asoman. Ricar tiene clase, se nota que ha ido a un colegio del Opus. M. coge un cigarro. A. se apresura a coger otro).
R. - Por cierto, son las 9.30 y teneis que currar a las 11. Sólo teneis una hora para dormir. ¡Hostia que gachos!... (ríe de nuevo como un colegial)

A. Se dirige a la habitación, por el camino se quita jersey, camiseta, pantalones y demás. Al llegar al cuarto de los padres de Ricar (el cuarto donde duerme últimamente) se deja caer en la cama de forma muy “grunge”, como diciendo, “lo hago, pero porque yo quiero”. M., mientras, no ha encontrado su cuarto y se encuentra encerrado en la despensa de la casa. Busca una cama debajo de los briks de leche y los paquetes de compresas, pero no la encuentra. Eso sí, descubre una reserva “secreta” de batidos Puleva y zumos Granini. Tras beberse un par de batidos-choco y un KinderBueno (qué bueno) encuentra el camino al cuarto de la hermana de Ricar (donde duerme en los últimos tiempos). Ricar, amigo íntimo de M. y A., los ha acogido temporalmente en su hogar, pues estos no tienen dónde caerse muertos. Esta noche, A. tiene un sueño recurrente. Está en un concierto de la Velvet Underground. Ha ido al concierto con Kurt Cobain y Syd Barret, sus colegas. John Cale le invita a subir al escenario. Allí, le da un morreo a Lou Reed, le pide su guitarra y comienza a tocar Heroin con los dientes. De la emoción, se tira al público. La gente se aparta y cae estrepitosamente al suelo. Muere a los 27, como siempre ha querido. El sueño de M. consiste en un partido de fútbol. En su equipo están P. y otros intelectuales y artistas franceses. Entre otros Marcel Duchamp, Rosseau, Gustave Flauvert, Jean Luc Godard, Cartie-Bresson, los Renoir (el pintor y el cineasta), Michel Gondry y Manet (Monet estaba enfermo). En la grada animan Juliette Binoche, Andrey Tatou, Catherine Deneuve, Sophie Marceau y Laetitia Casta. Juegan contra el equipo alemán. Francia gana con goles de M., Flauvert y Manet.

Escena 2. Interior Día.

R. - Tuuuuu. Tuuuuu. Son las 11.45.
M. – Jean Luc, pásamela, pásamela... ¡que tengo tiro!

M. abre los ojos pero no reconoce a Ricar.

R. - ¡¡¡Tuuuuuuuuuuu!!!
M. - ¿¿¿En serio??? ¡No me jodas!

M. se levanta como un rayo. Mira el móvil: 13 perdidas desde el curro. Coño, coño, coño. Se enfunda unos vaqueros. Se da cuenta de que esos no son “sus vaqueros” sino los de la hermana de Ricard. Le da igual. Mientras, coge un polo Lacoste y unos calcetines DolceGabbana del armario de Ricar, que por cierto, es bastante rico. No porque sea guapo o atractivo, que también, sino porque tiene muchos euros. Muchos más que el que escribe estas líneas y seguramente (seguro) más que el que lee. Ah! M. también coge una camiseta blanca de una pila de ropa sin estrenar. Calvin Klein.

M. - Mierda, mierda, mierda... (mientras busca su cartera)
R. - Ja, ja, ja...
M. – Lo sabía, lo sabía, lo sabía... (cuando abre la cartera y la encuentra vacía)
R. - Ja, ja, ja...
M. - ¿Me dejas un euro?

Mientras Ricar va a por su cartera, M. consigue llegar hasta la cocina sin ser visto. Allí, se pimpla del tirón media botella de Granini Multifrutas con vitaminas E, B y W. Lo hace sin miramientos, M. sabe que hay más en la “despensa secreta” que descubrió anoche. En ese momento, cuando una gota de delicioso jugo de maracuyá cae por la barbilla de M., Ricar y A. entran a la cocina. Ricar increpa a M. su actitud abusiva con los víveres ajenos.

R. - ¡Hijo de puta!

M. hace como que no escucha. Suele ser lo mejor. Pero aprovecha de nuevo un descuido del ingenuo y entrañable Ricar para indicarle a A., con un increíble y muy francés giro de cuello, la ubicación de la “despensa secreta”. A., que se estaba tocando con la mano izquierda la parte alta del cráneo (cogote) y con la derecha su ridículo pene (chorra), ejecuta el clásico paso de Michael Jackson deslizándose hacia atrás arrastrando los pies y se introduce en la despensa secreta. Allí, entre lágrimas, contempla los croissancitos rellenos de cacao, las Pins con naranja y los botecitos de Actimel. Hacía años que no disfrutaba de tan orgiástica despensa.

A. - ¡¡¡Co-va-bunnnn-guiiiiii!!! ¡¡¡Y es todo para mííí...!!!

Fuera siguen los gritos de Ricar. M. se ha ido a cambiar de vaqueros porque la presión era insoportable. A., en la despensa, abre una botella de batido Puleva y la coge con su mano derecha. Extiende el brazo. Alza la botella por encima de su cabeza, y se tira todo el batido por encima. Total, ya lo limpiará Ricar. Abre un Roscón de Reyes y lo ingiere de un bocado. Coge un Actimel y lo introduce en su ano. Son momentos de éxtasis. Imágenes maravillosas se suceden en su mente: Kurt Cobain, un crucifijo del revés, una Fender Telecaster ardiendo, Kurt Cobain desnudo, Bart Simpson, recuerdos de su infancia en La Cartuja, el rostro risueño de su primo Víctor, Susan Sarandon... Incluso visualiza su propia tumba en la que se puede leer: “Angelo Turlani; zaragozano de nacimiento pero neoyorquino de adopción, guitarrista privilegiado que murió a los 27 años tras cambiar el rumbo del Rock and Roll...”. En este momento entra Ricar.

R - ¡¡¡Pero tú!!! ¡¡¡Que haces con mis Actimel!!! ¡¡¡Y por qué está el suelo lleno de batido!!!

M. aprovecha el follón para escapar del lugar y encomendarse a Dios (valores de antaño) para el viaje que le espera hasta el trabajo. De todas formas ha cogido unos paquetes de Donnetes y unos zumikis para el camino. La cosa es joder. Baja las escaleras de 8 en 8. Su aspecto: entre parisino y postmoderno. Al cruzar el portal y encarar la vía pública, el guarda de seguridad del inmueble empuña su Magnun 38, pero desestima el disparo al distinguir un cocodrilo en el polo azul de M. Ventajas de tener amigos millonarios.

Escena 3. Exterior día.

M. llega a la calle y comienza a tararear “Ne me quitte pas”. Lo hace bastante bien. Son las 12.20. M. debería estar en su puesto de trabajo desde, más o menos, las 10.30. Corre hacia el metro mientras abre los Donnetes. Los ingiere a pares mientras piensa en Susan Sarandon en sujetador. Se tira un par de zumos de melocotón por encima y justo cuando va a entrar al metro...

MÓVIL
Pipi, pipi. (mensaje)

C., que es negro y salta mucho, está en la redacción del periódico, donde trabaja con M.. Lleva dos horas hablando sin parar para que el jefe no encuentre el momento de preguntarle por M. Mientras, ha conseguido escribir este mensaje. Ahí va.

MÓVIL
Tonto el que lo lea... Es broma. Oye, llevo dos horas hablando de Osasuna. Que alguien me traiga un vaso de agua porque tengo la boca muy seca. Si vas a venir después de las 12.00, mejor no vengas y llama para decir que estás enfermo. Recuerda lo que pasó el vienes pasado... Te quiero. En serio, te quiero. TQ. Bss.

M. - ¡¡¡VVVVVAAAAMMMOOOOSSSSS!!!

M. saca otro paquete de Donettes y los reparte entre los viandantes, que agradecidos, no rechazan tan apreciado manjar. En lugar de regresar rápido hasta la cama, M. vuelve a casa de Ricar a paso tranquilo, disfrutando de la mañana madrileña con el sol en la cara. En esta ocasión escoge un tema de Françoise Hardy: “Tout les garçons et les filles”. La majestuosidad de los edificios, el ruido del tráfico, los indigentes en sus esquinas, el ir y venir de los proletarios... Todavía borracho, disfruta de los pequeños quehaceres matutinos de la gente, que se aleja de él cuando percibe que esta bañado en zumo de melocotón. Son 150 metros de puro placer, algo parecido a cuando A. se metía un Actimel por el recto. M. llega al piso de Ricar. Oye pasos...

Escena 4. Interior día.

M. - ¿Chicos?

Al entrar, ve correr por el pasillo a A. con un paquete de Kinder Choco-Bons. Ricar no parece muy contento y le persigue. Tras varios minutos, Ricar da caza a A. y le mete un calmante (de estos que aprietas los dientes cuando golpeas). A. se echa a llorar y se va a su cuarto. Entre su llanto se distinguen acordes de guitarra. Nirvana. Claro. Ricar se sienta en el sofá y fuma unos cigarrosssh mientras habla por el móvil con un gacho al que dice que si no se ponen zapatos esta noche no les van a dejar entrar en nosedonde y él esta hasta lojjjj guevossssch de tener que ir a sitios demierrrrrrda donde las tías tienes más barba que lossssh tíos y pelos en el sobaco y detó.

R. - (Por teléfono) ¡¡¡Y por eso me suda la polla lo que me digas!!! Por mí como si te mueres. Estoy hasta lojjj guevooossssh de ti y de todos vosotros. ¡Tira a tomarrr porrrrculo! (Cuelga el teléfono. Ahora se dirige a M.) ¿No vas a currar o que?
M. - No tío. Me ha escrito C. y me ha dicho que para ir tan tarde mejor diga que estoy enfermo.
R. - Ahhh.
M. - Ya ves...
R. - Ya tio...
M. - Si si.
R. - Si.
M. - Me voy a mi cama... ¡A la cama de tu hermana!, quiero decir.
R. - Yaaa.
M. - Si.
R. - ¡Arggggg!

M. se va a la cama al trote. Entra en el cuarto de la hermana de Ricar. Curiosea en el cajón de la ropa interior y se arroja con violencia en la cama. Llama a su jefe para decirle que está enfermo. No cae en la cuenta de que sigue borracho.

M. – Hola jefe, digooo Fran. Estoy enfermo, ¿sabes?
FRAN – Pues no, no lo sabía.
M. – Pues ya lo sabes, je je.

(silencio)

FRAN- ¿Estás borracho?
M - ¿Qué si estoy con Nacho? No, estoy con Ricar y A.

(silencio)

Fran cuelga el teléfono.

M. – Cómo se la he “colao”… (piensa)

M. comienza a tararear “La Marseillesa”. Pronto está dormido. Sus sueños se reparten entre Susan Sarandon en sujetador y una pesadilla en la que todavía le falta aprobar una asignatura de COU.

Escena 5. Interior día.

M. - ¡A.! ¡A.! ¡Despierta! He encontrado una tarta en la nevera. Y está todo limpio. Ha debido venir la inmigrante esa...
A. - ¿Quién? ¿La inmigrante de mierda esa?
M. - Sí, la de mierda.
A. – ¿Nos comemos la tarta?
M. – No lo dudes...

Mientras avanzan haciendo el clásico paso del robot (valores de antaño), son interceptados por Ricar.

R. - ¿Quien ha escrito esta nota? Me ha dicho que ya no viene más.

-NOTA-
“Maldita inmigrante. Coje tu barca de vuelta a casa. Ecuador está bien, seguro que allí te quieren más que aquí. Seguro. Ya verás. Vennnnnng’asta luego”.

M. - Podría haber sido yo borracho. Pero ha sido A. porque pone “coge” con “j”.
A. - Mierda.
R. - Bueno, en realidad da igual. Olía mal. Ya me compraré otra chacha...
M. y A. - (Risas y clásico paso del robot)
R. - ¡Tú! ¿Habéis encontrado ya otra garita? Es que mañana viene mi hermana y no es plan de que estéis aquí en plan pirañas... ¿sabeees?
A. - Bueno, en realidad...
R. - Además os dije que os fuerais el martes, y hoy ya es viernes.
M. - (Mirando a A.) ¡Coño! Que rápido pasa la semana...
M. y A. y R. - (Risas)

Se abre la puerta. Entra la ¡¡¡HERMANA DE RICAR!!!

R. – Mierda.
HERMANA – Me he encontrado a Rigoberta llorando en el portal. Dice que se vuelve a Ecuador.
R. – Mira, estos son A. y M.
HERMANA. - Ya sé quien son... ya… ¿Podemos hablar un momento a solas?

Pasados 20 minutos, A. y M. están en la calle con sus maletas. Eso sí, llevan de marca hasta los calzoncillos.

M. – Bueno, tú llamas a Bocas y yo a Alfonso…
A. – Vale.

A. sonríe y saca dos batidos Puleva de la mochila. De chocolate. M. y A. se sientan en un bordillo a bebérselos. La gente pasa.

miércoles, 7 de marzo de 2007

"Estoy en un momento de mi vida en que no puedo decir que no". (I)

Y por eso, y porque soy un degenerado, creo que a medio plazo comenzaré a llevar sombrero con plumas. Y, aunque aún soy comedido y no me atrevo a llevarlo a la práctica, en unos días comenzaré a acariciar nalgas en el metro. Luego saldré vestido de mujer a la calle, porque es en realidad lo que me pone. Aunque no puedo negar que será un proceso gradual que se iniciará con unas braguitas blancas, que sé van a ser cómodas y me harán sentir más hombre. Y gracias a eso comenzaré a engañar en los bares, y poco a poco iré bajando de edad. Y, a la vez, subiendo. Y, a la vez, sumando. Y probaré todos los juegos, para luego yo inventarme otros, más dolorosos. Más humedos. Para qué negarlo: sé que terminaré realizando una versión teatral de Saen la que obligaré a trabajar a mis mejores amigos. Y a mís queridos padres y primas. No será dificil, teniendo en cuenta que ya muchos años atrás comencé a liarme con mis compañeros de piso.

Continuará...

sábado, 3 de marzo de 2007

La movida....

A: C, ¿qué opinas sobre la movida?

C: La movida es lo único de lo que uno puede sentirse orgulloso de ser español, todo lo demás ha sido matar gente e ir a misa.

jueves, 1 de marzo de 2007

"Berlín, 1945"

Una mañana cualquiera, de un fin de semana cualquiera:

suciiiiiiiiisssiiiiiiimoooooo (the magic washing machine)

Era una noche como cualquier otra. Los cinco mesoneros habíamos cenado en casa y disfrutábamos de una tranquila sobremesa en el salón.

P. colocaba una nueva pinza de tender en una parte estratégica de su ordenador para poder utilizar letras mayúsculas mientras buscaba nuevos comandos que le permitiera utilizar aplicaciones del Combustión y el Photoshop combinadas en el Word.

A. estaba en su habitación tocando la guitarra mientras miraba un retrato de sus padres el día de su primera comunión (La de A., no la de sus padres, se entiende). Los acordes se repetían una y otra vez. Cada cierto tiempo, un grito ensordecedor salía a través del agujero de la puerta de su habitación: “Os odio!!!!!!!!!!!!” (Lo del agujero de la puerta os lo cuento otro día)

Mientras tanto T. disfrutaba del capitulo 3 de la cuarta temporada de Perdidos, el segundo de la tercera de Prison Break y el 22 de la primera de Heroes a la vez en su ordenador que tiene como cinco o seis núcleos y una pantalla que ya le gustaría a los Golem de Pamplona. Cada cierto tiempo levantaba la vista y, cuando pensaba que nadie estaba prestándole atención, le pegaba un buen trago a una botella de dos litros de vinagre de Módena que tenía bajo el sillón. Para compensar, lo aderezaba con Coca-Cola light.

Yo por mi parte me dedicaba a tareas mucho más profundas. A cultivar mi espíritu. A formarme como buen ilustrado que soy. Esto es, a jugar al Pro hasta que el enrojecimiento de mis ojos me obliga a irme a) a la cama b) a urgencias. Ese día toco a.

En estas estábamos cuando apareció M. por la puerta y se sentó en el sillón. Tras un profundo suspiro pidió un ‘piti’, se incorporó, cruzó las piernas (M. Siempre cruza las piernas cuando fuma), encendió el cigarro y comenzó a leer su libro de cabecera “Paris et nous, poemes pour un (se pronuncia an) afranceseu”.

Yo: ¿Dónde estabas?
M.: ¿Pargdon? Ah, lo siento ya sabes que, como pienso en francés, a veces me cuesta comenzar las frases...
- Tranqui, tranqui
- Estoy un poco hiperactivo. He estado ordenando la habitación, fregando los platos, barriendo el pasillo, regando las plantas (Aclaración: no tenemos plantas) y ahora acabo de poner una lavadora
- ¿Una lavadora?
- Sí, es que el cubo que nos regaló la hermana de A. estaba hasta arriba. Lo he sacado entero y he metido las cosas que estaban en el fondo.
- Ah, mira tu que bien. ¿Has puesto color o blanco?
- Un poco de todo.
- Ummm... Y, esto... ¿Y el programa?
- Suciiiiiissssssiiiiiimmmoooo
- Ya... Un poco de todo decías
- Sí
- Ya...

La noche prosiguió más o menos tranquila. Pako terminó tirando su ordenador al suelo, le pegó una patada. Arrojó sobre él una botella entera de Coca Cola. Me pidió un pañuelo de papel. Se lo di. Le prendió fuego. Lo posó sobre el ordenador y se fue a la cama. A los tres minutos se levantó a coger un vaso de agua. Volvió a su cuarto. A los siete fue al baño. Volvió a su cuarto. A los 10 se hizo un sándwich. Volvió a su cuarto. De pronto, un fuerte ruido proveniente del baño nos comunicó que la lavadora había terminado. M. pegó un brinco. “Qué ¿Me ayudáis a tender?”. T. Y yo le acompañamos desde el cuarto de estar. En el pasillo nos juntamos con P. y A. que habían salido de su habitación. A. En busca de unas tijeras para hacer un colage con las fotos de la boda de su hermana. P. sabe dios para que. El hecho es que sin comerlo ni beberlo los cinco mesoneros estábamos en el baño. M. Se arrodilló frente a la puerta de la lavadora. Nosotros nos agolpamos a su espalda. M. abrió la puerta de la lavadora:

- ¿Quién tiene unos calzoncillos rosas?
- ...
- Y unos calcetines... rosas
- ...
- Y una camisa a rayas... ¿verdes y rosas?
- ...