Plastiquillos de tranchete: mayo 2007

jueves, 31 de mayo de 2007

Historias de N.Y. chapter four:"Por lo menos nos iremos con una gorra de los Yankies" "Querras decir los Nets" "Quien coño son los Nets???"

Previusly on Histories of New York: La tortuga mutante asiste impasible a la revolución de la impresión digital mientras intenta recuperarse del sock sufrido por las imágenes utilizadas por la organización para ilustrar sus productos....

Tengo suficientes argumentos contrastados para realizar esta rotunda afirmación: El Baseball es el deporte más aburrido del mundo.

Los señores de HP nos ofrecieron la posibilidad de tener lo que ellos denominaron como ‘especial event’. Llamar a un partido de Baseball 'especial event' contiene la misma base argumentativa que ensalzar como fenómeno paranormal que el corazón de un ser humano late, lo que le permite respirar. Sabiendo que nuestro corazón realiza esta función entre 60 y 80 veces por minuto, la especialidad de un latido en el conjunto de la vida de una persona es similar a la de un partido del deporte del palito, la pelotita y los pantalones marcapaquetes. Por cierto, es la única disciplina atlética en la que los deportistas tienen bigote y una barriga superior a la del 50% del público de un partido, teniendo en cuenta el numero de obesos que van a este tipo 'especial event'.

Aun estando sobre aviso, me tire hora y pico en central park viendo como los domingueros le daban al bate, me monté en el autobús con cierta ilusión. "Al menos veré un espectáculo diferente", pensé. Mis compañeros europeos también estaban algo animados. Frases como "dicen que es un poco largo pero que tiene ratos muy entretenidos" o "es una vez en la vida" (Esta se repitió más de diez veces) amenizaron el camino hacia el estadio. Ruta turística por Brooklin, mítico barrio, cada vez más perroflautico y más cool, y por Queens, más famoso por sus tiroteos que por su hospitalidad. Un largo atasco, sí habéis acertado de tamaño afroamericano, anunciaba la llegada al estadio. Me incorporé y dije a mis compañeros en busca de un guiño cómplice:

-Por lo menos nos iremos con una gorra de los Yankies, eh!
-Querrás decir los Nets...
-... Quien coño son los Nets???

Los Nets son el Atlético de Madrid del baseball estadounidense. Un equipo de capital al que le pesa la sombra del hermano mayor. Del equipo cuyas gorras están presentes en cualquier rincón del mundo. Esas que combinan la N y la Y de New York y de New York Yankies, uno de los simbolos más univesales de nuestro planeta. Los Nets, por contra, son unos horteras. Combinan el naranja y el azul sin piedad alguna para el abanico cromático, ni por las retinas de quienes los siguen. Otra de las grandes señas de identidad, en la que coinciden con los colchoneros, es que tienen más moral que el Alcollano. Los muy majos anuncian en una de las gradas de su estadio "1963 champion of the world" Primera aclaración, los muy getas de los estadounidenses proclaman campeón del mundo al campeón de su campeonato ya sea de Baseball, de Basket o de deletreo de palabras (sí amigos existen, los he visto. Niños con gafas y aparato deletreando ante cientos de mayores de edad que aplauden si lo consiguen. Sin comentarios) Segunda aclaración: Estos téos no ganan la liga desde hace más de 40 años y encima hacen un poster del tamaño del Santiago Bernabeu para recordarlo!!!

Una vez dentro del recinto, todos mis miedos se hicieron realidad. No hay por donde coger a este deporte. Es lento e incomprensible. La gente celebra más que un niño coja una bola en la grada o que una pareja se pegue un morreo al ser apuntado por las cámaras, que el juego de su equipo. Además no paran, se pegan todo el partido, saliendo a fumar, a por perritos calientes...
Por cierto, hablando de perrios. Aqui los HP se portaron.



¿El resto? cuando terminé de engullir, tome mi cámara, inmortalice a estos ¿deportistas? tras colarme en las primeras filas y tome el metro. Atravesar Queens y Broklin en estas balas plateadas es mucho más seguro de lo que dicen y muy, pero que muy chulo.

Hoy termina el curro y comienzan cuarenta y ocho horas en las que me sumergiré en el corazón del corazón del mundo de la mano de la mejor anfitriona posible. Espero estar preparado…

miércoles, 30 de mayo de 2007

Historias de N.Y. chapter three:"Good morning" "..." "Comon, GOOD MORNING!!!"

Previusly on histories of New York: Tras la toma de contacto de la joven y mutante tortuga con lo bueno y lo malo de habitar una ciudad que se comunica con ella, comienza el propósito profesional de su viaje, el congreso anual de HP.

Ya se lo que es una superproducción. De hecho, he participado en una. En estos dos añitos que llevo de periodista, habré asistido a más de un centenar de ruedas de prensa. Ninguna como la de ayer. La mañana empezó fuerte, a las 7:30 sonó el despertador y a las 8:15 ya estaba con dos cafes en el cuerpo y medio kilo de mantequilla, gramo arriba, gramo abajo. Lo del beicon y los huevos revueltos todavía no lo entiendo. Pero todo se andará.

El caso es que, una vez llenado el buche, mire mi agenda: '9:00-9:45 VJ`s keynote'. Esto es, ni puñetera idea. Me dirigí a la planta de los eventos y nada más se abrieron las puertas ciertos acordes me descolocaron: "Green day???" Sí, los mismos. "Green day está presentando un disco en el hotel de mi congreso???" No, solo es la banda sonora del acto al que vas. Este que responde soy yo unas cuantas horas después, ya me se la historia, narrador homisciente me llaman. Aclaraciones a parte, el show no había hecho nada más que comenzar. Una vez llegado al salón salude a mis compañeros, me quede media hora esperando el segundo beso de rigor de mi compañera argentina (el argentino de turno se apresuró a aclarar que su costumbre es sólo dar uno con el tiempo suficiente para que todo el mundo se percatara de mi estúpida mueca). Puse cara de que ya lo sabia, se notó que no. No he comentado que somos unos ocho hispano hablantes entre argentinos, venezolanos, colombianos y españoles. Daba igual el parentesco idiomático (Toma palabro! Estás cuatro horas con un argentino platicando y ya te inventas palabras que no existen pero que quedan bien) el volumen de la música hacía imposible la comunicación oral. Me refiero a hablar. De pronto la música paró y un armario empotrado con las dos puertas abiertas se subió al escenario con un espectacular salto. El tio era un pez gordo porque llevaba una tarjeta, tamaño A3, esto es afroamericano, en la solapa de su impecable traje. Nos miró, los focos le enchufaron, el resto de la luz se atenuó.
-Good Morning!!!
-...
-Hey! Comon! GOOD MORNINGGG!!!!
-GOOD MORNING!!! (Este grito lo realizaron 142 de las 150 presentes. Los ocho restantes, los hispanoparlantes, nos limitamos a mirarnos y a poner cara de poker)
-This is beter, Hello my name is... (Omito el discurso no por falta de interés, que seguro que lo tuvo, sino por que no me enteré de nada)

Tras varias explosiones de color en la pantalla gigante en la que no paraban de aparecer números, barras y tartas que ilustraban lo que el yankee nos quería transmitir, pidió un fuerte aplauso para Mr... (tampoco me quedé con el nombre). Este llevaba en la solapa un palabro de estos anglosajones que significan mandamás: 'No se que, no se cuantas Charmain"

-Good Morning!!!
-... (pienso: no será capaz de repetirlo)
-Oh comon, GOOD MORNING!!! (pues sí que fue, sí)
GOOD MORNING (Esta vez fueron 143, el colombiano se emocionó)

Aquí comienza un discurso de media hora del que sólo saqué en claro una cosa: HP va a ser la compañía que va a encabezar la revolución de la impresión 2.0. Lo repitió como 60 veces. El cómo, cuándo, por qué y demás uves dobles que un periodista debería dominar para afrontar una información me son totalmente desconocidas. Y así siguió la cosa, hasta que, cuando parecía que iba a terminar el sarao el menda dijo:

-And now, one video to stand the printing 2.0 revolution!!!!

Y comienza a sonar DEVO!!! (Yo al borde del ataque epiléptico, el resto de la tropa con los ojos como platos. El colombiano se levantó y se puso a dar brincos al son de la música. Tres policías lo sacaron del hotel esposado y lo metieron en una furgoneta que ponía GUANTANAMO).

El resto de la mañana lo pase en sesiones de grupos reducidos en los que los frikies de las primeras filas, que saben más de la empresa y de los productos que los directivos de la multinacional, conversan largo y tendido sobre las aplicaciones de la impresión digital. Yo mientras, me bebí como cinco zumos de naranja natural (y sin pulpa) dos botellines de agua y uno rojo fosforito que ponía vitamins, mientras observaba la estatua de la libertad desde la habitación donde se celebraba el evento. En hora y media vi tres persecuciones rollo Miami beach de los guardacostas de los USA. Lastima que no explotó nada. Tras la comida un poco de habitación, vueltita por Downtown y vuelta a la habita en la que comencé la lectura de los dos libros que hay en mi mesita de noche.

Creo que esperaré a que saquen las pelis...

Historias de N.Y. chapter two:" Is this...?" "Yes, it is"

Previusly on histories of New York: La joven e inexperta tortuga adolescente y mutante pasó sus primeras horas enfrentándose con las dificultades que su coeficiente intelectual le provocaba para moverse por Manhatam. Tras una serie de penalidades, consiguió dar con sus contactos en N.Y. y disfrutó de una noche… Diferente???

Manhatan está viva. Se que es un tópico pero es verdad. Se comunica con sus habitantes. Desde mi llegada a la ciudad casi no he mirado un mapa. Las avenidas y el horizonte te dan señales que puedes seguir sin necesidad de ningún complemento cartográfico. Sólo con mirar al frente ya sabes donde quieres ir, mejor dicho, donde Manhatan quiere que vayas.

El domingo por la mañana me preparé como buen guiri que soy: camiseta, pantalón corto, mochila, cámara fotográfica, gafas de sol... (estuve tentado de ponerme chancletas con calcetines pero al final me corté). Una vez preparado tomé la 5ª Avenida y comencé a caminar. Con un par de giros me topé de bruces con el Empire State (el hortera), el Chrisler (el elegante) y con Times Square (incatalogable).

Una vez allí pensé: "Necesito comer algo y sentarme un rato". Sin razón alguna tome la 7ª y comencé a subirla. De pronto me tope con un mercadillo de la Latina, pero de tamaño afroamericano. Por 5$ me tomé un burrito (que se llama así por que el que los hace es un burrito que te echa entre el pan de pita todos los condimentos imaginables, salsas e incluso pienso compuesto), patatas y una Coca Cola. Esta última merece un capítulo a parte. Imagina un vaso de agua de 33 centilitros, pon en el todo el azúcar que puedas hasta que deje de haber agua en él. Mete la lengua. Ese es el sabor de la Coca Cola en EEUU. Una vez provisto de provisiones seguí caminando hasta que Manhatan me ofreció un sitio donde sentarme: Central Park. Yo acepté la invitación.

Después de intentar entender el juego ese del bate y la pelotita durante una hora, y no conseguirlo, me dirigí a una cabina para ponerme en contacto con mis colegas newyorkers.

-Hello?
-Javier, soy Migue.
-Ah! Que tál! Lo pasaste bien ayer???
-Fenomenal, lo de las olas fue divertidísimo.
-Como me alegro, es que ensaye mucho la coreografía.
(Esto lo explico otro día)
-Que plan tenéis.
-Pues estoy con Mamen que tengo una entrega y me ha pillado el toro. Pásate si quieres.
-Claro!

Una vez en Brooklin asistí a dos horas de creación pura y dura. IM-PRE-SIO-NAN-TE. Sólo resumo la temática: 12 colores, 12 marcas de moda, 12 tipos de hombre y los 12 apóstoles. Toma jeroma pastillas de goma!!!

El lunes lo omito. Sólo diré que Manhatan me ganó.

El martes comencé mi camino rumbo a mi congreso. Necesitaba un taxista y Manhatam me premió con un taxi/guiaturístico que me explico cada rincón entre Midtown y Downtown:

-Hello, speak espanish???
-No
-OK, we go to the Carlton Ritz in Down Town
-Good! Spanish???
-Yea
-Oh wounderfull cautry!
-Have you stay in Spain?
-No
-....
-Look! This is the Brookling Bridge
-Ohhhhh
-And this is Wall Street
-Ohhhh
-This is Battery Park
-Ohhh
(De pronto una disfunción en el Skyline llamo mi atención y pregunte)
-Sir, this is...
-Yes it is. The World Trade Center

Desde ese momento hasta la llegada al hotel ninguno de los dos abrió la boca. Es sólo un solar en construcción, pero se te hiela el alma.

lunes, 28 de mayo de 2007

Historias de N.Y. chapter one:" Conoces a la Perla Negra? "Si..." "Vale que te va a abrir ella, que es sabado"

Con lo primero que te topas nada más aterrizar en N.Y. es con una cola muuuuy larga, casi afroamericana. Unas señoras muy antipáticas te hacen formar como si de una atracción de Port Aventura se tratase para esperar a pasar el control de extranjería. Una especie de bis a bis de unos cinco minutos en los que te lo juegas todo con sólo un intento, rollo Michael Jordan. Tienes el tiempo justo para decir las palabras adecuadas y necesarias, ni una más, ni una menos. Además hay que poner cara de tonto y hacer como que no te enteras de nada (lo segundo y lo tercero no requieren mucha destreza) El caso es que, llegué a una especie de caja registradora donde un señor muy serio se me quedó mirando. Sonréi. Se puso más serio. Deje de sonréir. Aquí comienza el ritual de apareamiento (el inglés viene a estar escrito como me sale de los cojones)

-Give me your left forefinger.
Se lo doy.
-The other left!
Se lo doy.
-Nau the right.
Esta vez acierto.
-Look to the camera
Miro.
-Good... What are you doing in the United States of America
-(Pienso: no digas work, no digas work, no digas..) wor... eh, um... aaaah, holidais (buf!)
-How long ara you stay in the United States of America
-One weak
-Let me see... Ok! Go!
-Thank you
-Go!
-Yes, yes...

Primera prueba separada. Después de 20 minutitos de búsqueda de maleta, me dirijo al segundo filtro. Lo paso sin problemas. Se abre una puerta. Una bocanada de aire hirviendo me anuncia que acabo de poner el pie en la jodida capital del mundo. Pego un salto. Me hago medio esguince. Un policía (cop) me mira. Yo pongo cara de haberlo hecho a propósito y me dirijo a la cola de los taxis. Tamaño: afroamericana.
Tras 20 minutos de espera una cop(a) me pregunta que a donde coño voy. Yo le explico que a la calle numero... Me dice que me deje de calles, que a que zona de N.Y. Le digo que a Manhatan. Me mete en un taxi con un papel que pone 45$. Saludo al taxita. No me entiende. Estamos apañados, es más negro que yo y también sabe menos ingles que yo. Conseguimos comunicarnos por medio de señas, mapa y papel. Emite un sonido que me hace creer que ya sabe donde vamos. Ahora comienza lo que está comúnmente aceptado como conversación de besugos.

-Please, can you drive crossing the Brokling (como se decía puente, ah! sí) bridge
-What?
-I want to go, for the Brokling bridge, no for the Queen's tunnel
-Ah! Ok, ok...

Unos 10 minutos después leo en un cartel del tamaño de las torres KIO: Queen´s tunel. Sin comentarios.

Finalmente llego a mi hotel. El recepcionista sabe español, empezamos bien. Me pide la tarjeta de crédito, seguimos mal. "Es sólo por si tiene que pagar extras" Hay mi madre...

Subo a la habita. No hay insectos ni ratas. Se puede habitar. Me ducho. Bajo a la calle para buscar la manera de llamar a mi contacto en N.Y.: el primo de Nacho. Después de entender que las tarjetas telefónicas son para hablar con el extranjero y que me acabo de dejar 20 $ para nada, consigo monedas de 25 centavos para llamar por la cabina:

-Hello
-Javier?
-Si
-Soy Miguel, el kolega de tu primo.
-Ah, que tal majico, ya has llegado?
-Sí, sí...
-Qué tal el viaje?
-Bien, bien...
-Qué te apetece hacer
-Esto, no se. Digo yo que si vais a tomar algo hoy me apunto.
-Sí claro. Mira vente pa casa. Tienes que cojer la linea L del metro y bajarte en Lorimer. Veras una Pizzeria, pregunta por el niño. Él te dejara teléfono para llamarme.
-Vale, vale... Pues ahora nos vemos
-Ala pues.

Me doy un paseito hasta el metro. Me confundo de boca. Voy a la máquina de tickets. Me confundo de tarifa. Me meto en el anden. Me confundo de anden. Me cambio de anden. Se me pasa el metro en las narices. Espero 15 minutos. Me meto en el metro.

Llego a Lorimer busco la pizzería. La encuentro. Esta cerrada. Busco una cabina. Llamo a Javier:

-Hello
-Javier?
-Eres Miguel, donde te has metido???.
-Eh, digamos que la orientación no es mi fuerte y la pizzería esta cerrada.
-Vale, vale. Mira coge la calle por la que estás y siguela recta. Llegarás a una gasolinera. Mi portar es el 30 de un edificio de ladrillo rojo.
-Vale.
-Ala, te espero.

Cojo la calle recta en la que, por cierto, no hay ni un alma. De pronto me encuentro bajo una autovía gigante a las 11 de la noche perdido en ningún lugar de Brooklin. A un lado un 4x4 cargado de Fifty Cets, al otro unas abuelicas sentadas a la fresca en las escaleras de mi portal. Elijo las abuelicas.

-Hello, I am loking for a soil station
-Que?
-Hablan español???
-Claro mi amor.
-Gracias a Dios, miren busco una gasolinera.
-Ah sí, hay una en esta calle que has bajado pero subiéndola.
-Gracias

Definitivamente la orientación no es lo mío.

Llego a la gasolinera (powerboat, lo de soil station aun no se de donde me lo saqué). Veo tres edificios de ladrillo rojo. El que tiene un 30 además del número cuenta con unos 10 moteros emborrachándose en la puerta. Busco una cabina. Llamo a Javier.

-Hello
-Soy Miguel
-Que pasa mi chico.
-Tu portal es uno que suele tener moteros borrachos en los alrededores
-Sí, pero trankilo que son pacíficos. De todas formas ya bajo a abrirte.
-Vale
-Por cierto, tu conoces a la Perla Negra?
-Sí?
-Vale, que te va a abrir ella, que es sábado.
-…

Dos minutos después, unas piernas de más de un metro de largo, unos takonaazos, y una pamela que corona un cuerpo de unos 185 centímetros me mira.

-Pasa Miguel

El resto de la noche se resume rápido: Flashes de cámaras fotográficas a mi alrededor, bueno al de la Perla, y un garito muy molón en el que no pararon de sonar las supremas de Móstoles, Alaska y soy un drácula yeye. No es broma.

Como diría Jesulín. IM- PRESIONANTE.

Dos cosas para terminar este chapter one. Primera, apunten este nombre, Javier Bonetti, antes o después oirán hablar de él. Mucho y bien. En serio, es un fuera de serie. Segunda, gracias a todos los que se han movilizado y han permitido que disfrute de tres días en la Gran Manzana con dos personas magníficas (Mamen es otra crack) que me han acogido como pocas personas lo han hecho en toda mi vida.

Pronto más (y más corto). Raphael os kiere con amor.

lunes, 21 de mayo de 2007

“Tu! Que Torres se compra las diademas en Stradivarius”

Ya se me había olvidado lo enriquecedor (en todo el amplio sentido de la palabra) de recibir visitas en el cuartel general de las tortugas. Esta vez, sin que sirva de precedente y como suceso casi paranormal (sí muchas veces somos anormales pero me refiero más a estas cosas que saca el Friker en milenio cuarto o como se llame eso que me ayuda a irme pronto a la cama) hemos tenido visitas FE-ME-NI-NAS. Y es que otra cosa no, pero nuestras visitantes de este finde desbordan feminidad por los cuatro costados.

Por un lado tuve un reencuentro con dos de las mujeres con las que más horas de sofá he compartido en mi vida: Nere y Ana. Dos de los ángeles de Kapo (también llamadas anchoas, un mote que no se entiende fuera de contexto). Me tranquilizó ver que todo ha cambiado para que todo siga igual. Esto es, siguen estando como una cabra. Las Barcelonas les están sentando fenomenal. Aunque escueto, nuestro encuentro sirvió para recordarme que la ciudad Condal y yo tenemos una deuda pendiente. Prometo visita, pronto.

Luego estuvieron Sila, Itxi y Blanca (sí, vive en Madrid, pero por lo poco que nos vemos habitualmente la cuento como visita). Gracias a ellas pasamos uno de los domingos más femeninos desde nuestra llegada a Madrid:

El que suscribe, M. y A. pasamos una mañanita tranquila con visita a La Latina incluida, el barrio más vaginal de Madrid (Suena feo pero igual que ya está comúnmente aceptado que el cine vaginal, ha pasado a convertirse en un género cinematográfico, como el western o los thrillers, también hay barrios, arquitectura y escritura, por citar algunos ejemplos, vaginales. Y que no pare la fiesta, por favor. M. me odiará por esto). Comidita a base de tapeos. Croqueteo, pimienticos, champiñones y pececillos fritos (Aquí M. gozó como hacía tiempo). Una vez saciadas nuestras necesidades de fritanguilla, dimos un giro de 195 grados (Esto es media vuelta con una ligera inclinación a la izquierda por culpa del cerveceo y la resaca) y nos fuimos a tomar un café. Primer intento: terracita fachión con café a 2,50 euros, tiramisú a 5 y helados con frutas de no se donde a 7.

Primera gran aportación femenina del día: Justo después de leer los precios de la carta una dulce voz alerta: “Huele a pis”. En circunstancias normales nos habría sudao el maíz este olor (puede que sea porque estamos muy acostumbrado a él, pero ese es otro tema) y habríamos palmao unos cuantos euros. Las tortugas no solemos tener un duro, pero somos especialistas en perder euros por vaguear. Gracias a las damiselas andamos 15 metros y nos ahorramos 50 cent por café. Todo iba fenomenal hasta que comenzó el diluvió universal. Tras una horita por la cara dentro del bar (algo que si no llegamos a estar con tres féminas no nos habrían permitido ni de coña) decidimos tomar rumbo a Mesoneros Romanos previo paso por el Dunkin para repostar. El plan de casa, insuperable. Vernos dos partidos de furgol en directo sin pagar un puto duro gracias a Internet y a las teles chinas. Las chicas, contra todo pronóstico, encantadas.

Segunda gran aportación femenina: “Buf! Chicos, ¿Vosotros ventiláis la casa?” M. le mira a A., A. a mi y yo en ese momento cojo el marco digital que tenemos en el cuarto y lo pongo en el campo de visión de las féminas. Como toda persona que lo ve por primera vez, las chicas olvidan de qué estábamos hablando y se quedan embobadas viendo pasar las fotos (Para algo sale Carrillo en 350 de las 360 fotos) A, M y yo hacemos un aparte. Cogemos el diccionario, nos damos cuenta de que eso no es el diccionario. Cogemos un libro muy gordo con definiciones, nos damos cuenta de que tampoco es lo que buscamos, pero ya que estamos miramos la crítica de Hot Shots 2, Dos policías rebeldes 2 y Ciudadano Kane. Por fin encontramos el diccionario. Buscamos bentilar, luego ventilar y vemos que esa página está arrancada. En las hojas contiguas hay unas gotas sospechosas. No hay duda, es vinagra de Módena.
Volvemos al cuarto de estar. Desenchufo el marco digital, una vez conectado el partido del Real Madrid Club de Fútbol. Sale un primerísimo primer plano de Beckham. Las chicas, encantadas. El Madrid gana.

Comienza el partido del Fútbol Club Barcelona. A los diez minutos llega la tercera y definitiva aportación femenina del día: “Tu! Que Torres se compra las diademas en Stradivarius!!!” M, A y yo nos dirigimos otra vez al rescate del diccionario. En ese momento un chico de 1, 68 metros de altura se pega un esprint de 40 metros controla el balón y supera al portero del Atleta (Pichu para los amigos), pasamos de Stradivarius. A. ya tiene tema de conversación/escenificación para su próxima actuación como manager de los Mendetz. Termina el partido, las chicas se van. Abrazos besos y cierta nostalgia en la despedida. Nos recuerdan lo de ventilar y se van.

Tortugas, tenemos que comprar otro diccionario, puede que el verbo ese, ventilar, nos de muchas respuestas a preguntas tan comunes en nuestro día a día como ¿¿¿Por qué nunca hay chicas en Mesoneros Romanos nº 10 3º derecha???

sábado, 19 de mayo de 2007

"Ko, ¿y dónde vamos a dormir hoy ko?"

Aún recuerdo aquel viaje en autobús.
La inmensa maleta en la bodega y el acordeón en el pasillo, junto a mi asiento. La mochila arriba, bien apretada mientras mi zurrón, que pendula colgado de no tengo muy claro dónde, de pronto vibra. Es Raphael, que llama. Dicharachero y vivaz (o como dicen estas tortugas tan cachondas que tengo como amigas: "locaza"), en todo caso alegre ante las perspectivas madrileñas que se me aproximan, contesto la llamada. Sin embargo, el aparato de comunicación portable se me apaga por decisión unilateral suya. Me extraño porque nunca le había ocurrido semejante ataque de autoafirmación suicida. Iluso de mí, pienso que será un momento de debilidad y lo vuelvo a encender. Aún desconocía las peculiaridades mágicas de Madrid, villa singular con tendencia a hacer desaparecer calzones, platos y relojes de pulsera; además de producir toda clase de malfuncionamientos en teléfonos celulares (pregunten sino a Leonardo, o a Águeda... sobre Leonardo).
Tras 10 minutos, mi terminal de prepago tarda más en encender que el ordenador de Donnatello (Doble núcleo) mientras baja un capitulo de Lost, la tercera temporada de Bodies y los extras de Carnivale (1), consigo establecer contacto con la tortuga gacetil número 1.

-¿Qué? ¿Cómo lo hacemos? ¿Cuándo entramos en el piso? ¿Dónde nos vemos? ¿Y por qué no nos vemos cerca del piso?.
- Eh, esto, no P. ¿no te has enterado?
- No, ¿el qué?
- Esto, que no tenemos piso.
- Ah, pues no la verdad.
- Pues así estamos. Y en mi cuarto ya están durmiendo M. y A. Las estrellitas del techo se están despegando de los sudores nocturnos.
- No, pues allí no entro yo.
- No.
- Eso decía.
- ...
- ¿Qué hago?
- Llama a Borja.
- ¿Cuál? El que te apuesto lo que quieras que termina trabajando en el CQC.
- Sí, venga, de todos modos vente para casa y dejas aquí la maleta.

Cuelgo el dispositivo de relación oral y miro la carretera. Allí, detrás de esas montañas, está Madrid.
Pienso en dónde voy a meter el acordeón. Pienso que me está gustando Madrid.

Aún recuerdo llegar a casa de C.
Porque resulta que me había olvidado las llaves de la maleta en Sevilla. Y que no solo estoy en Madrid sin piso. También sin camisetas, sin cepillo de dientes y sin calzoncillos. Pero me dicen que peores cosas se han visto. Y yo, que soy un bendito iluso, me lo creo. Y salgo con C. a buscar al resto de individuos tortuguiles. Porque sí tengo algo de dinero. Y no nos lo vamos a gastar en ropa interior o un hostal. Sino en alcohol, que es buen sustitutivo de ambas necesidades ya no tan básicas.
Me llevan a un lugar llamado Nueva Visión. Pienso que me está gustando Madrid, de nuevo.

Aún recuerdo dormir en casa de Borja.
Y dedicarme a cocinar unas buenas lentejas para cuando él vuelva de trabajar. Y verme algún film de su inmensa videoteca en su gran televisor. O escuchar la radio a todo trapo a la hora de dormir. En su piso de 25 metros cuadrados. Y escuchar cómo sus ronquidos tapan a la radio. Y ganarle yo roncando poco después. Y un sábado limpiar el piso juntos. Porque empiezo a notar que ya llevo 15 días en su piso y se está agarrando un pequeño gran cabreo. Sólo que es el tipo más agradable del mundo y no dice nada.
Y todo se va a solucionar pronto porque me han dicho que igual nos vamos a un piso cerca de callao. Cerca de prostitutas y yonkis. Y pienso que me está gustando Madrid, cada vez más.

Y recuerdo los primeros días en Callao.
Y para que vosotros también los recodéis (o lo veáis por primera vez si no fuisteis afortunados en su momento), aquí una instantánea, verdadero motivo generador de este post:


El resto de muebles: M., A. y yo, sin competencia de ronquidos. C., que es más listo, aún tiene otro piso. T., que tiene más pecho, además, tiene novia.

Pienso que me va a joder irme de Madrid; aunque a veces me pongais un poco nervioso, queridas tortuguitas, sabéis que sólo es mi infantil e histérica forma de llamar la atención. Va a ser que teneis razón con lo de locaza.


1.
Sin embargo no baja capítulos de Bones porque esos los ven por la sexta Donnatello y Miguellangelo cuando no estamos los demás en casa, que el otro día volví de trabajar y los encontré intentando ocultar su oscuro vicio. "Ah, ¿pero es Bones? Pues no me había dado cuenta..." No, que va.

martes, 15 de mayo de 2007

Hay días

Hay días en los que cambias. Que suponen un antes y un después en tu vida. Días que ves la realidad desde un prisma nuevo. Es algo así como cambiar de lentillas. Conceptos que antes estaban borrosos ahora quedan totalmente definidos. Y es extraño, porque al estar acostumbrado a vivir en ese mundo difuminado, aunque puedes percibir las formas totalmente definidas, para ti ahora son extrañas. Deberías ver mejor, pero realmente ves peor.
Peor no, diferente.

Hoy es uno de esos días. Te pilla desprevenido, como ir paseando una noche tranquilamente por la calle y que, de pronto, sin justificación alguna, un energúmeno arranque a correr hacia ti y te golpee con toda su alma. Te quedas en el suelo, descolocado, sin noción de tiempo, ni de lugar.

Pues hace un rato que me acabo de levantar. Primero he puesto una rodilla, luego un brazo y me he reincorporado. Allí estaban P. y M. casi tan descolocados como yo. Poco a poco he ido recobrando la noción de la realidad, de esta nueva realidad. Al principio parecía peor, pero con el paso de los minutos me he dado cuenta de que, simplemente, es diferente.

¿Es mejor vivir toda la vida pensando que la noche del 5 de enero unos Reyes Magos dejan unos regalos en tus zapatos o comprender que son tus padres, que seguramente se han dejado más de lo que deberían para cumplir un pequeño sueño infantil? Al principio te cabreas con la realidad, luego te das cuenta de que tiene más sentido que la ficción, y que como es bien sabido, siempre la supera.

La realidad y la ficción coinciden en algunas cuestiones básicas. Una de ellas es que en ambas dimensiones hay malos y buenos. Para bien o para mal aquí también se cumple la mágica ecuación. Los malos reales hacen parecer hemanitas de la caridad a los de ficción. Del mismo modo, por mucho que vuelen, tiren telarañas o se muevan a la velocidad de la luz, los buenos de la ficción no llegan ni a la suela de los zapatos de los buenos de verdad. La diferencia reside en que en nuestro mundo nadie nace bueno, ni malo. No hay bebés Joker, ni Peter Parkers en pañales. En nuestro mundo los buenos y los malos se hacen a si mismos. Algunos dirán “yo soy yo y mis circunstancias”, a lo que se puede responder, siempre hay un camino para hacer las cosas bien. Lo que pasa es que como no podemos volar, ni tirar rayos por el culo, en este mundo lo jodido es hacer las cosas bien, subiendo las escaleras a pie y de una en una.

Parte de nuestros iguales participan en este partido con un comodín simple y llanamente cojonudo: la confesión. Es un mecanismo que funciona más o menos así. Yo hago las cosas lo mejor que puedo pero cuando hago algo mal, siendo consciente de ello (Este matiz es importantísimo), utilizo mi comodín de sacristía para poner mi contador a cero previo pago de alguna multa moral. Hoy me cago en la puta madre de todos ellos, pero primero aclaro. No hablo de la gente que cree que hay pastores que tienen conexión directa con seres superiores que tienen potestad para juzgarles. No hablo de quien realiza un ciego acto de fe en busca de una vida mejor, de una respuesta a sus incógnitas, de un sentido para su vida. Yo me cago en la puta madre que parió a los doblemoralistas, a los que su ombligísmo les lleva a dejar de lado todo lo que no tenga que ver con sus intereses personales y luego se arrepienten. Del resto de los malos, los que ni siquiera se arrepienten de sus actos, simplemente espero que en el camino encuentren la horma de su zapato.

Hoy es un día complicado. Uno de los que, con el paso del tiempo, te das cuenta de que suman más en tu vida que en los que el viento te viene a favor.

Lectores, fans y demás adictos a los plastiquillos de tranchete, sean buenos.

miércoles, 2 de mayo de 2007

¿Me has visto pinta de punto de apoyo o qué subnormal?


Ya lo presentí yo mismo el lunes por la noche.
-El ambiente está un poco enrarecido, ¿no? -comenté-.
Al día siguiente los periódicos hablaban de decenas de heridos y detenidos en Malasaña. Estaba claro.

Pues bien, ayer, después de una interminable sesión de sofá, gofre, cerveza y pitillos con Romaña, P. y C., después de ver "Ghost", del partido, de cenar... después de todo esto: decidimos salir. Creo que no nos apetecía a ninguno (a mí desde luego, no) pero bueno, son las fiestas del barrio. Primera parada, Nueva Visión. El Yoni nos recibió con una camiseta del Liverpool del 81 y mi amada camarera volvió a mostrame su intimidad al agacharse a por un vaso de chupito. El mundo todavía funciona.
Al salir de allí intentamos llegar a La Vaca Burda y Austera a través de la plaza del 2 de mayo, pero el paso estaba restringido. Yo dije que estabamos en lista...
-Sí, hola, soy M. Estamos en lista de Espe... -dije confiado al agente de la ley.
-A ver... -contestó el fornido hombretón- A ver... Sí, te veo... ¿M. más 2 no?...
-Sí.
-El problema es que son las 3.00, la lista ya no vale, creo que tendreis que dar la vuelta -nos comunicó.
-Bueno, señor agente, le entendemos. Usted sólo cumple con su deber. Así que nosotros cumpliremos con el nuestro y daremos la vuelta a la manzana para tirarle botellas como todo hijo de vecino.
-Así se habla muchacho. Si todos fueran como vosotros...
-Ya, ya...
Nos dió un Sugus a cada uno, pegó un par de tiros al aire, lanzó una bomba de humo y desapareció.
Conforme desahacíamos lo andado y girábamos a la derecha para llegar a la calle La Palma, el griterío aumentaba. No puedo imaginar la densidad de población que había ayer en dicha calle, pero estaría en torno a las 7personas/metro cuadrado. La situación era esta: se podía entrar a la calle desde la esquina del Penta, pero el otro extremo (digamos la esquina del Garage Sónico) estaba cerrado, y 30 metros más allá, una treintena de “maderos” mostraban sus armas. Fuimos hacía allí.
Queríamos ir a la Burda y Austera, casi en el epicentro de la acción. Avanzamos lentamente. Metro a metro, la gente se mostraba más radicalizada y, lo que al principio de la calle era un botellón, a mitad ya era un verdadero galimatías de cristales y gritos. La mayor parte de las chicas iban en la dirección contraria a la nuestra e intentaban abandonar esa “trampa mortal” (como se dice en el argot bélico). Por el camino se oían sentencias del tipo:
-“Putos maderos, mecagoendios...”
-“Hoy se las van a comer. Se las van a comer...”
-“El puto sistema, ese es el problema...”
Yo no entendía nada, la verdad. El único se sistema que conozco es el 4-4-2 y me parece bastante bueno. Yo sólo quería encontrar a una china con cerveza, pero parecían haberse evaporado.
Llegamos a la puerta del bar y, no sin dificultad, nos hacemos un hueco en el suelo y fumamos un poco. Compramos, finalmente, una birras. Tras charlar un rato de política, empieza a subir el tono de los gritos y las botellas ya vuelan sin criterio alguno. Nos levantamos. Dirijo la vista hacia “nuestro frente” y no dejo de ver en ningún momento menos de cuatro botellas de cristal en el aire que vuelan hacia la policía, que resguardada en los soportales, espera. Por supuesto, la mitad de esas botellas acaban en los balcones de los vecinos. Rompían sus ventanas y sus coches, pero de eso nadie se preocupa, claro. De pronto, la gente comienza a retroceder varios metros. Yo, por supuesto, hago lo mismo, ¡no te jode! La manifestación más radical en la que había estado hasta entonces fue por los Derechos de los Animales de Granja, yo qué sé. Y ahora aquí, luchando contra el “puto sistema” y los “putos maderos”.
-Nadaaa, tranquilos, que esto no es nadaaa... En el patio de mi colegio se liaba más gorda... –sentenció Romaña tras este primer aviso.
Lo miró. Primero pienso que es subnormal. Luego pienso que voy a hacerle caso, que soy un palomo cojo y que mi vida es una mierda. Siguiente aviso y la gente se empieza a poner nerviosa.
-La concha de tu madre, yo me quedo aquí. No tiró una piedra desde Perú en el 96 y tengo un mono de la hostia.
-Ya bueno, pero no te pases con ellos ¡eh! –le digo de broma...
¡Hostias broma!, le veo que se agacha y coge un ladrillo. Pasan unos minutos, la gente se crece. De pronto, a Romaña le cambia la cara.
-¡Ahora sí!
Mis piernas se activan de pronto. Me agacho y buscó un periódico y algo rojo. Encuentro La Razón y El País. Ya tengo algo rojo, sólo me falta un periódico. Digo esto porque a partir de ahí mi sensación fue la de correr Los Sanfermines. Una calle estrecha, los toros detrás y muchos tontos delante. Aquello era literalmente un río de gente. Sólo los islotes que proporcionaban los techos de los coches te podían salvar de ser arrastrado. Llegó un momento en el que hacíamos tope.
La verdad es que tenía miedo de caer o de que cualquiera cayera, porque entonces sí que se iba a montar. Por suerte, al estar tan apretujados, tus propios “camaradas” te mantenían en pie. Perdí la pista de Paco. A Romaña sí que lo veía de vez en cuando entre la multitud. Me ponía caras de Jack Black el muy idiota. Después de intimar con tres o cuatro jóvenes hombres y mujeres (inevitable al compartir con ellos tan apretado espacio), Romaña y yo nos echamos a un lado para esperar la llegada de Paco. Romaña se empieza a gustar...
-Mira M., aquí son todos maricones. Unos niñatos. Mira, llevo 20 años viviendo en Bilbao y frecuentando ambientes muchos más hostiles...
-Me imagino, sí...
-Es que aquí la gente no tiene huevos. Yo estaba en Romo en el 87 lanzando piedras y aquello sí que era una reyerta.
Siguió su “speech” con indicaciones de estrategia y conceptos logísticos que yo no entendía. Pero yo notaba que sabía: Romaña sabe de lo que habla, el muy cabrón. Al fondo, agarrado por dos punkies, aparece P.
-Paco, ¿dónde estabas? –a unos 50 metros siguen los disturbios.
-¡Carajo! Pues casi no me pegan ko... ¡Serán cojudos! Aguántame esto pisha. Maldita borroka...
Y el tío se queda tan ancho.
-Paco, cabrón, mírate lo de tus acentos porque haces unas mezclas que no hay quién te entienda.
Se acerca uno y nos ofrece pases gratis para el Nasty. Le decimos que si está loco. Y que se aparte que viene una pelota de goooooo... Pelotazo de goma al pobre hombre. En ese momento a todos los presentes (unos 30.000 entre radicales, heavies, sharps, punkies, pijos, maccas, rastas y demás pringaos) nos hacemos la misma pregunta... ¿DÓNDE COÑO SE HAN METIDO LOS CHINOS DE LAS CERVEZAS?
Como dotados de un extraño sentido para percibir el peligro, todos los amarillos de Malasaña habían desparecido y oían los disturbios desde sus literas. Esto trajo la consiguiente baja de moral entre las tropas indie/grunge del barrio. Y es que nos pueden quitar la libertad, pero la cerveza ya es demasiado.
En este momento hemos llegado hasta la encrucijada que forman la calle La Palma y la del Tupperware. El lugar es estratégico, por eso allí nos hicimos fuertes. Sobre todo Romaña, que ya se había hecho con los mandos...
-Tú, Rusty James, coge ese ladrillo y prepárate. Abdul, ese container, ¡Quémalo bien! Chustis, Rein, Bion: cruzad ese coche en medio de la calzada. ¡Pero ya!
Se acerca uno con la camiseta del Athletic de Bilbao.
-Joder Jefe, en Madrid uno se siente como en casa...
Romaña levanta la vista y mira al horizonte.
-Claro Gorka, aquí se siente el olor a plástico quemado, el crujir de una botella hecha pedazos... Bien hecho chicos, bien hecho...Estoy orgulloso de todos vosotros.
El tal Gorka se pira por patas ante la derrapada de Romaña. Yo le digo que sí, que el olor a plástico quemado es la hostia. Romaña respira tranquilo. De nuevo, los ánimos se caldean y las pelotas de goma empiezan a acercarse. Una pasa rápida entre nosotros. Se oye un grito.
-¡Au! Me dieron los cabrones con la pelotita... –gruñe P. mientras se rasca el brazo.
-No jodas... ¿Estas bien?
Paco no contesta y se limita a moverse como cuando te meas. Creo que le picaba el brazo A SACO. Romaña seguía haciendo de las suyas...
-¿Puedo apoyarme para mirar? –le preguntó un pobre diablo.
-¿Me has visto pinta de punto de apoyo o qué subnormal? ¡Vuelve ahora mismo a tu posición novato!
-Sí, perdón, mi sargento... sólo quería...
-Ja, ja, ja, ja... ¡Tranquilo muchacho! Sólo estaba bromeando. Claro que puedes apoyarte, en el frente todos debemos ayudar al prójimo. Mira, una vez, en Romo...
El joven recluta volvió a su sitio. Vuelvo a ver un movimiento extraño, y en dos segundos cae a mi lado un “ladrillo incendiario”. Así lo llamo yo porque era un ladrillo pero con fuego: ladrillo incendiario. Ahí me dije, ¡ojito! Y justo entonces, avalancha de gente. Miro a Romaña y me dice que recto, ¡que recto joder! Pero en ese momento, y como se de una película se tratase, caen junto a nosotros dos bombas de humo asesino. Se nota que esos cabrones van a por Romaña.
El humo era insoportable amigos, pero por mis adentros, en realidad, estaba gozando muchísimo. Pensé en coger las bombas de gas y arrojarlas lejos para salvar a mis compañeros, pero luego que pensé que mejor no. ¿Qué hice entonces? Pues sin más, hice el hortera, qué voy a hacer. Intenté seguir la trayectoria del cabecilla Romaña (convertido ya en un Robespierre para el barrio) y fui para Tribunal. Y ahora momentazo. Voy saliendo de la calle y del humo. Comienzo a distinguir figuras, pero son fosforitas, son maderos. Cabrones. Se acercan hacia mí. Estamos encerrados. Es el fin. Luego recapacito y me doy cuenta de que soy un flipao. Al primero le hago una bicicleta, al segundo le amago que me voy para el Madriz, Madriz pero me voy para el otro lado. Para el tercero me camufle en la niebla tóxica de nuevo, y me puse una sábana por encima. El resto os lo imaginais...
-¡M.! ¡M.! Gracias a Dios que estas bien... ¡He perdido a dos de mis hombres!
-Coño Romaña, que hace dos horas estábamos en mi casa fumando porros y medio inconscientes. No me digas ahora que has perdido a dos hombres...
-Comandante, venga con nosotros, le llevaremos a un lugar seguro –comenta a Romaña un jovencito con pasamontañas.
Romaña me mira con cara de Jack Black y le dice que no, que permanecerá aquí hasta el final y bla bla bla. Vuelve Paco, despeinadiiiiisimo, con las gafas de mediolao, y en general, hecho una piltrafa.
-He estado hablando con un poli pero no hemos llegado a ninguna conclusión.
-Normal, P., normal –le digo.
Nos choca las cinco el muy majo. Ahora la policía está a unos 50 metros pero ya no contamos con el laberíntico Malasaña, sino con la explanada de Tribunal y Fuencarral hacia abajo. La gente, de nuevo, se vuelve loca y comienza a preparar barricadas y lanzar botellas. Los “maderos” están pensando la maniobra, eso seguro.
Y aquí, entre embestida y embestida, llega el episodio que para mí resume la noche. Veo que un joven radical (como yo los llamo) levanta un ladrillo de cemento y se dispone a lanzarlo con toda la rabia juvenil que MTV nos ha dado. La emoción le sale por las orejas. Tanto, que no se da cuenta de que no hay un policía a 100 metros a la redonda y que semejante yunque no va a lanzarlo más allá de 10 metros. Lo que yo decía. Al grito de...
-¡Maderos hijos de puta!
...el muy desgraciado lanza el ladrillo. Me aparto a mí y a los míos y sigo la trayectoria del objeto, que, irremediamente, le cae en la cabeza a otro joven radical. En la cabeza, así. Le dio con una ladrillo enorme en la cabeza. Lo juro. El joven cae al suelo. Cuando sus amigos le preguntan qué ha pasado, el joven radical finge que nada, que no ha pasado nada. Su cara de dolor, sin embargo, lo decía todo. La violencia, qué cosas tiene, eh amigos.
Tercera embestida, ahora por Fuencarral. Los disturbios nos llevan hacia la Gran Vía, dirección a nuestra casa. Como me gusta Madrid, joder. Yo, curtido ya en mil batallas, me mantengo inmóvil y me rió de los que corren despavoridos, como hace Romaña. De pronto, lo veo pasar corriendo como una perra y me dice:
-¡Ojito M.!¡Que son los de negro!
Levanto el periscopio y veo a 40 yiyous vestidos de negro con una sed de venganza y unas ganas de matar que no me gustan un pelo. Mis piernas se activan de nuevo y comienzo a correr. La gente sigue con sus barricadas, sus botellas (vimos volar en torno a 4.562 botellas ayer noche) y sus ganas de bronca. Tras un par de miradas atrás para valorar la situación, Romaña da el alto y las 3.591 personas que corrían, paran en seco. Nos juntamos: Romi, P. y un servidor.
-Vamos a bajar tranquilamente, hablando.
-Ok.
-Lástima no haber traído una cámara, chicos...
-Ya...
Desde el mercado de Fuencarral bajamos andando y charlando hasta la Gran Vía. Hacía sólo dos horas que estábamos en casa fumando porros y bebiendo birra. Ahora, estábamos bajando por Fuencarral y en sólo 120 minutos, P. había lanzado 20 cóckteles molotov, 50 ladrillos y había roto dos escaparates. A Romaña le habían dado una Órden del Mérito Militar Euskaldun y había hecho 163 amigos. Amigos de verdad, ¡eh! Yo, por mi parte, había vivido una película. De hecho, había durado justo 2 horas, con explosiones, gases, disparos, fuego, intriga, suspense, humor, algo de ciencia-ficción y sobre todo, amor, mucho amor.