Con lo primero que te topas nada más aterrizar en N.Y. es con una cola muuuuy larga, casi afroamericana. Unas señoras muy antipáticas te hacen formar como si de una atracción de Port Aventura se tratase para esperar a pasar el control de extranjería. Una especie de bis a bis de unos cinco minutos en los que te lo juegas todo con sólo un intento, rollo Michael Jordan. Tienes el tiempo justo para decir las palabras adecuadas y necesarias, ni una más, ni una menos. Además hay que poner cara de tonto y hacer como que no te enteras de nada (lo segundo y lo tercero no requieren mucha destreza) El caso es que, llegué a una especie de caja registradora donde un señor muy serio se me quedó mirando. Sonréi. Se puso más serio. Deje de sonréir. Aquí comienza el ritual de apareamiento (el inglés viene a estar escrito como me sale de los cojones)
-Give me your left forefinger.
Se lo doy.
-The other left!
Se lo doy.
-Nau the right.
Esta vez acierto.
-Look to the camera
Miro.
-Good... What are you doing in the United States of America
-(Pienso: no digas work, no digas work, no digas..) wor... eh, um... aaaah, holidais (buf!)
-How long ara you stay in the United States of America
-One weak
-Let me see... Ok! Go!
-Thank you
-Go!
-Yes, yes...
Primera prueba separada. Después de 20 minutitos de búsqueda de maleta, me dirijo al segundo filtro. Lo paso sin problemas. Se abre una puerta. Una bocanada de aire hirviendo me anuncia que acabo de poner el pie en la jodida capital del mundo. Pego un salto. Me hago medio esguince. Un policía (cop) me mira. Yo pongo cara de haberlo hecho a propósito y me dirijo a la cola de los taxis. Tamaño: afroamericana.
Tras 20 minutos de espera una cop(a) me pregunta que a donde coño voy. Yo le explico que a la calle numero... Me dice que me deje de calles, que a que zona de N.Y. Le digo que a Manhatan. Me mete en un taxi con un papel que pone 45$. Saludo al taxita. No me entiende. Estamos apañados, es más negro que yo y también sabe menos ingles que yo. Conseguimos comunicarnos por medio de señas, mapa y papel. Emite un sonido que me hace creer que ya sabe donde vamos. Ahora comienza lo que está comúnmente aceptado como conversación de besugos.
-Please, can you drive crossing the Brokling (como se decía puente, ah! sí) bridge
-What?
-I want to go, for the Brokling bridge, no for the Queen's tunnel
-Ah! Ok, ok...
Unos 10 minutos después leo en un cartel del tamaño de las torres KIO: Queen´s tunel. Sin comentarios.
Finalmente llego a mi hotel. El recepcionista sabe español, empezamos bien. Me pide la tarjeta de crédito, seguimos mal. "Es sólo por si tiene que pagar extras" Hay mi madre...
Subo a la habita. No hay insectos ni ratas. Se puede habitar. Me ducho. Bajo a la calle para buscar la manera de llamar a mi contacto en N.Y.: el primo de Nacho. Después de entender que las tarjetas telefónicas son para hablar con el extranjero y que me acabo de dejar 20 $ para nada, consigo monedas de 25 centavos para llamar por la cabina:
-Hello
-Javier?
-Si
-Soy Miguel, el kolega de tu primo.
-Ah, que tal majico, ya has llegado?
-Sí, sí...
-Qué tal el viaje?
-Bien, bien...
-Qué te apetece hacer
-Esto, no se. Digo yo que si vais a tomar algo hoy me apunto.
-Sí claro. Mira vente pa casa. Tienes que cojer la linea L del metro y bajarte en Lorimer. Veras una Pizzeria, pregunta por el niño. Él te dejara teléfono para llamarme.
-Vale, vale... Pues ahora nos vemos
-Ala pues.
Me doy un paseito hasta el metro. Me confundo de boca. Voy a la máquina de tickets. Me confundo de tarifa. Me meto en el anden. Me confundo de anden. Me cambio de anden. Se me pasa el metro en las narices. Espero 15 minutos. Me meto en el metro.
Llego a Lorimer busco la pizzería. La encuentro. Esta cerrada. Busco una cabina. Llamo a Javier:
-Hello
-Javier?
-Eres Miguel, donde te has metido???.
-Eh, digamos que la orientación no es mi fuerte y la pizzería esta cerrada.
-Vale, vale. Mira coge la calle por la que estás y siguela recta. Llegarás a una gasolinera. Mi portar es el 30 de un edificio de ladrillo rojo.
-Vale.
-Ala, te espero.
Cojo la calle recta en la que, por cierto, no hay ni un alma. De pronto me encuentro bajo una autovía gigante a las 11 de la noche perdido en ningún lugar de Brooklin. A un lado un 4x4 cargado de Fifty Cets, al otro unas abuelicas sentadas a la fresca en las escaleras de mi portal. Elijo las abuelicas.
-Hello, I am loking for a soil station
-Que?
-Hablan español???
-Claro mi amor.
-Gracias a Dios, miren busco una gasolinera.
-Ah sí, hay una en esta calle que has bajado pero subiéndola.
-Gracias
Definitivamente la orientación no es lo mío.
Llego a la gasolinera (powerboat, lo de soil station aun no se de donde me lo saqué). Veo tres edificios de ladrillo rojo. El que tiene un 30 además del número cuenta con unos 10 moteros emborrachándose en la puerta. Busco una cabina. Llamo a Javier.
-Hello
-Soy Miguel
-Que pasa mi chico.
-Tu portal es uno que suele tener moteros borrachos en los alrededores
-Sí, pero trankilo que son pacíficos. De todas formas ya bajo a abrirte.
-Vale
-Por cierto, tu conoces a la Perla Negra?
-Sí?
-Vale, que te va a abrir ella, que es sábado.
-…
Dos minutos después, unas piernas de más de un metro de largo, unos takonaazos, y una pamela que corona un cuerpo de unos 185 centímetros me mira.
-Pasa Miguel
El resto de la noche se resume rápido: Flashes de cámaras fotográficas a mi alrededor, bueno al de la Perla, y un garito muy molón en el que no pararon de sonar las supremas de Móstoles, Alaska y soy un drácula yeye. No es broma.
Como diría Jesulín. IM- PRESIONANTE.
Dos cosas para terminar este chapter one. Primera, apunten este nombre, Javier Bonetti, antes o después oirán hablar de él. Mucho y bien. En serio, es un fuera de serie. Segunda, gracias a todos los que se han movilizado y han permitido que disfrute de tres días en la Gran Manzana con dos personas magníficas (Mamen es otra crack) que me han acogido como pocas personas lo han hecho en toda mi vida.
Pronto más (y más corto). Raphael os kiere con amor.